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viernes, 19 de septiembre de 2008

Alfredo Méndez, un cirujano de ley

La mañana era tan límpida como suelen ser las de mediados de abril y Pedro López Dorticós, el tribuno por excelencia de la ciudad, se largó un discurso de una hora con suficiente tuétano como para mantener en vilo a los asistentes al homenaje.
Cienfuegos cumplía 118 años aquel 22 de abril de 1937 y decidió agasajarse a sí misma plantando en su plaza mayor el busto que el reputado artista habanero Fernando Boada había esculpido con el rostro patriarcal del doctor Alfredo Méndez y Aguirre, el médico con mejor hoja de servicios en las casi doce décadas de existencia de la villa portuaria.
De los siete ilustres que hoy habitan en bronce, mármol y alma las dos manzanas de la primigenia Plaza de Armas, el único hombre de ciencia fue el doctor Méndez, el cirujano de la mágica cuchilla, autor de la primera operación de apendicetomía, entonces conocida como cólico miserere, en la historia médica de Cienfuegos.
En la biografía del galeno nacido el primero de diciembre de 1870 e inscripto con el nombre de Eligio Alfredo apuntan que estudió el bachillerato en la capital de la Isla y en1895 obtuvo el diploma de doctor en medicina por la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana.
Con la tinta fresca en el pergamino marchó a la Ciudad Luz, donde estuvo cuatro años como alumno del doctor Peirier, jefe de trabajos anatómicos de la Escuela de Medicina de París.
Recién regresado a su predio natal fue nombrado médico municipal hasta 1904, fecha de su designación como Médico Honorario del Hospital Civil, institución donde empleó por primera vez en Cienfuegos y Las Villas un esterilizador de material quirúrgico, equipamiento del que solo estaba dotada la clínica habanera del doctor Casuso.
Al terminar la revuelta de agosto de 1906 que terminó cuando Estrada Palma abrió de par en par las puertas de la República a la segunda intervención militar estadounidense en la Antilla Mayor, el doctor Méndez fue investido como Alcalde Municipal de facto por el propio Interventor Mr.Charles Magoon.
Pero Alfredo no había nacido para la política como su hermano Ceferino (Nene), el alcalde-obrero de Cienfuegos, asesinado la noche del 11 de abril de 1913 en la esquina de Arguelles y Bouyón. Muy pronto se opuso a la política de la administración gringa de hacerse de la vista gorda con el juego prohibido y renunció a la primera silla municipal, a los dos meses de estar ocupándola en el edificio de San Fernando y Santa Isabel.
El doctor Méndez alcanzó por concurso en 1911 la dirección del Hospital Civil Luis Pernas Salomó hasta su renuncia en 1925, y la del Sanatorio de la Purísima Concepción, a partir de 1918, cargo que ocupaba al fallecer el 29 de junio de 1932. En la propia institución regenteada por la Colonia Española de Cienfuegos, unos de cuyos pabellones se honróen vida del homenajeado con su apellido, había sido médico de visitas en 1905 y subdirector seis años más tarde. Entre 1908 y 1909 participó en calidad de secretario en la comisión de enfermedades infecciosas que presidía su colega Carlos J. Finlay.
El Ayuntamiento lo congratuló como Hijo Benemérito de Cienfuegos, más el Gran Diploma de Honor y Medalla de Oro por los servicios prestados en ocasión de la epidemia de influenza que azotó a la ciudad en el bienio de 1918-19.
Casado con la señora María Amalia López del Campillo y D’Wolf , hermana de Juan José, coronel de la Independencia, Méndez Aguirre fundó una familia que se ensanchó con sus retoños, Alfredo, Juan José y María Carlota.
Cuentan que la noche final de su existencia Nene Méndez caminaba Bouyón arriba hacia el teatro Terry a fin de cumplir con el encargo de Alfredo de que acompañara a María Amalia a la salida de la función de aquel viernes nefasto.
La muerte del doctor Méndez ocupó cintillo y pulgadas de texto en la primera plana de la edición de La Correspondencia del miércoles 29 de junio de 1932. Y como muestra del significado de la más reciente pérdida para la sociedad perlasureña, la nota estaba calzada con la firma de Don Florencio Velis Mojena, director-fundador del decano de los diarios “guajiros” de la República.
Al siguiente día la crónica del sepelio que partió de la casa mortuoria en Argüelles 144 reseñó la salida del cortejo hacia el cementerio nuevo encabezada por el clero con Cruz Alzada, seguido por la Banda Municipal y el féretro sobre la carroza Fernandina de Jagua. Participan de la manifestación luctuosa la Escuela de Enfermeras Victoria Bru, fundada por Méndez en el Hospital Civil, y directivos del Casino Español, el Sanatorio, el Liceo, Cienfuegos Yatch Club y Cuerpo de Bomberos, a la mayoría de las cuales había pertenecido y en algunos casos encabezado.
Además de ser llevado al mármol por Boada, el rostro del doctor Méndez fue plasmado en óleo por el pintor granadino José Samaniego y Piñeiro, un exiliado republicano que residió en el hotel Ciervo de Oro a finales de los años 30. El cuadro de grandes dimensiones le fue entregado el presidente del Casino Español, Modesto Novoa, el primero de agosto de 1937. Sería colocado en el Sanatorio, pero antes y durante varios días estuvo expuesto al público en una vidriera de la tienda El Palo Gordo, San Fernando y Hourrutinier.

martes, 22 de julio de 2008

Centenario del Sanatorio

El 14 de julio de 1908 mientras los franceses andaban de fiesta Cienfuegos estuvo pendiente del suceso del año, la inauguración del Sanatorio de la Colonia Española en los terrenos de la finca La Reforma, comprada para esos fines en 1900 por el Casino. Lástima que no pudiera encontrar en los archivos de la prensa local la página que dio cobija a la crónica del acontecimiento.
Pero no quería dejar en el olvido el centenario de la casa de salud, en la actualidad reconvertida en Policlínico Dr. Cecilio Ruiz de Zárate y otras dependencias del sistema sanitario.
El Casino Español de Cienfuegos irrumpió en la vida social de la entonces villa a fines de mayo de 1869 y un hito en su historia lo representó el baile de sala que el 5 de mayo de 1894 inauguró su sede en el edificio de San Fernando y San Luis, donde hoy funciona el Museo Provincial.
Finalizada la Guerra de Independencia y repatriadas las últimas fuerzas colonialistas en la Isla por el puerto de Jagua, en enero de 1899, la nueva coyuntura histórica y socio-económica condicionó que en agosto del propio año la Sociedad de Dependientes y las regionales hispanas: Benificiencia Gallega, Asturiana, Canaria, Catalana, Balear y Montañesa, decidieran fusionarse en el Casino Español de Cienfuegos, Centro de la Colonia Española.
Sumados los bienes de todos los entes mancomunados contabilizaron 54 mil 791 pesos con diez centavos en oro y cinco mil 392 pesos con 75 centavos en plata, apunta José María González Contreras en su folleto Reseña Histórica y Cronológica de la Colonia Española de Cienfuegos y su Sanatorio, publicado por la Imprenta de la calle San Carlos No. 129, en fecha posterior a 1923.
Los presidentes de los grupos regionales traían el mandato, aceptado por la nueva sociedad, de construir una casa de salud o sanatorio modelo. El artículo segundo del Reglamento de la institución proclamaba que estaba “en pie y subsistente la obligación y la necesidad de construir un gran sanatorio”.
La finca La Reforma, inmediata a la ciudad en dirección Sur, tenía una superficie de 186 mil varas planas y una elevación de 17 metros sobre el nivel del mar. Los dos primeros concursos para el proyecto de sanatorio fueron declarados desiertos en 1900 y 1901, respectivamente. A mediados de ese último año le fue encargado al ingeniero don Sotero Escarza la presentación del plano, memoria y proyecto de la futura obra.
Diversas causas fueron dilatando en el tiempo la construcción del conjunto arquitectónico. Por lo pronto los ejecutivos de la Colonia decidieron mejorar las condiciones de la quinta de salud que el Centro de Dependientes había incorporado al patrimonio del Casino.
Un giro en el proyecto significó la toma de posición de don Laureano Falla Gutiérrez al frente de la nueva directiva del Casino para el sexto período social, el 28 de enero de 1906. El industrial azucarero y hacendado que por entonces comenzaba a amasar una de las principales fortunas de la Isla puso como única condición “el acometer sin más demoras ni vacilaciones el problema del sanatorio”.
Predicó con su bolsillo el potentado montañés y acompañó sus palabras con cinco mil pesos sobre la mesa, gesto imitado por los hermanos asturianos Acisclo y Modesto del Valle quienes entre ambos igualaron la suma de Falla.
En mayo de ese año el topógrafo don Adolfo García, autor del plano de Cienfuegos de 1914, terminó el proyecto general de la obra y el 2 de junio, en ocasión de la boda del Rey de España, fue puesta la primera piedra.
Próximo al fin de los trabajos constructivos en mayo de 1908 un grupo de esposas de los industriales hispanos con negocios en Cienfuegos realizan una colecta con cuyos dineros iniciales se terminaría en 1910 la edificación de una coqueta capilla en los propios terrenos de la casa de salud. En los años 90 aquel inmueble que últimamente había servido de sede a la Cruz Roja fue rodeado por las hortalizas de un flamante organopónico, circunstancia previa a su posterior desaparición del entorno arquitectónico del cual celebramos su centenario.
Tras el cómputo final el costo de las obras ascendió en números redondos a unos 230 mil pesos, de los cuales la caja de la Colonia aportó 50 mil, y Falla Gutiérrez 37 mil de su peculio personal.
El 14 de julio de 1908 el edificio fue bendecido por el obispo fundador de la diócesis, Fray Aurelio Torres, y el 29 del mismo mes comenzó el traslado de los enfermos, operación realizada con acierto por don Modesto del Valle, presidente de la Sección de Beneficiencia del Casino, y con el concurso del personal facultativo dirigido por el doctor Luis Perna, una referencia en la historia de la medicina cienfueguera.
En 1923 estaban casi terminados los trabajos de instalación de una verja de hierro con base de mampostería a lo largo de la calle del Cid hasta el camino del Junco y también de la portada y pabellón de portería, frente a los cuales desemboca la calle de Campomanes.
El domingo 22 de mayo de 1927 como parte de las festividades de las Bodas de Plata de la República el Casino Español develó un busto de bronce con la efigie de don Laureano Falla Gutiérrez en el jardín de la casa administrativa del Sanatorio, institución a la que la prensa calificaba como “el más hermoso y sin discusión el mejor que existe en el Interior de Cuba”.
Por cierto, ¿alguien sabrá del destino de aquel monumento?